Ángela Hernández la exdiputada del departamento de Santander luchó contra el cáncer, y, aunque ganó varias batallas, su vida se apagó definitivamente a sus 31 años.

Un mensaje publicado a través de sus redes sociales, poco después de conocerse sobre su deceso, dejó entrever una mezcla de sentimientos: incertidumbre, resignación, alegría y entereza. Aunque nunca dejando de lado su fe, la misma que la acompañó durante toda su vida y bajo la cual construyó su familia y su carrera política.

“Espero firmemente no hacer nada que pueda avergonzarme. Al contrario, sea que yo viva o muera, quiero portarme siempre con valor para que, por medio de mí, la gente hable de lo maravilloso que es Cristo. Si vivo, quiero hacerlo para servir a Cristo, pero si muero, salgo ganando. En realidad, no sé qué es mejor, y me cuesta mucho trabajo elegir. En caso de seguir con vida, puedo serle útil a Dios aquí en la tierra; pero si muero, iré a reunirme con Jesucristo, lo cual es mil veces mejor”, sentenció.

Jefferson Vega, su esposo y compañero en el frente de batalla, dejó escapar unas cortas pero sustanciosas palabras por la partida de Ángela: “Gracias Dios mío por prestarme a mi reina”.

El origen del trágico desenlace ocurrió en la antesala de un debate para las elecciones regionales del 2019. La producción se disponía a colocarle el micrófono de solapa a Hernández cuando sintió una extraña masa en su pecho. Esa sensación no era nueva, puesto que, desde el 2016, venía practicándose exámenes para determinar qué tenía en su cuerpo.

Era una bolsa de grasa que, acorde al diagnóstico de los médicos, se podía disolver con vitamina E. O eso pensaron todos. “Durante tres años no me mandaron a una ecografía o a un especialista, y yo en mi ignorancia no desconfié, si a uno el médico le dice que está bien pues todo bien, uno se va contento”, sostuvo la política en una entrevista con KienyKe.

En el lejano enero de 2020 esa masa ya era de un tamaño considerable, y fue hasta ese entonces cuando se le practicó una biopsia que, meses después, en plena pandemia, dictaminaría su cáncer de mama. El golpe fue aún mayor tras conocer que la enfermedad había avanzado considerablemente.

“El cáncer es el nombre, pero hay que buscarle apellido. El mío era un triple negativo, de los más agresivos y de los menos comunes. No era un diagnóstico nada sencillo”, reveló tiempo atrás en diálogo con Semana.

Las quimioterapias iniciaron, siempre bajo el apoyo incansable de su esposo y su hijo. Sin embargo, el tratamiento no estaba dando frutos, y, como último recurso, los especialistas optaron por operarla y quitarle uno de sus senos. Parecía que el cáncer había desparecido de su cuerpo. Así lo celebró la exdiputada en junio de 2021. Parecía que las balas habían cesado en el campo de batalla, pero ello solo fue una tregua que más adelante aguardaría por el episodio más crudo del conflicto.

Las alarmas se prendieron una vez más, pues, la política comenzó a sentir adormecimiento de extremidades y parálisis facial. Y el 7 de diciembre del 2021 los exámenes anunciaron que el cáncer, ese viejo enemigo, había regresado.

“Necesitamos un milagro, y conocemos el Dios de los milagros”, dijo Ángela en un video junto a su esposo.

A finales de enero Hernández había recibido la autorización del personal médico del Hospital Internacional de Colombia para que retornara a su casa, con su familia, que fue el eje de su carrera política. En su hogar, donde recibió la fuerza que la mantuvo luchando hasta el último minuto, siguió clamando por un milagro. No obstante, tras conocerse en días recientes sobre el deterioro en su salud, su corazón dejó de palpitar